Carretera
y Banda
Éxitos
de los conciertos en Alcásser y en el Palau de la Música de Valencia de la
Banda Municipal de Música de Alba de Tormes.
. 69 músicos y una veintena de
familiares viajaron los días 11 y 12 de mayo
. En el Palau, la Banda,
junto a los solistas Pilar Grande, Xavier Richart y Alejandro Blay recibieron más
de diez minutos de aplausos con el público puesto en pie.
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Toño Blázquez
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A
las cuatro de la mañana del sábado día 11, las aguas del Tormes pasaban bajo
el puente de Alba en un plácido y silencioso sueño. En la Plaza del Grano,
poco a poco fue arremolinándose el bullicio de jóvenes cargando con sus
instrumentos, defendidos y a buen recaudo en sus estuches y maletas. Dos grandes
autobuses abrían su barriga a los músicos, la mayoría de ellos entre los
quince y cuarenta años. Mario tiene solo siete años y ya lleva unos cuántos
conciertos encima, le sigue David, con 11. Los dos, espabilados y listos,
aprenden música con rapidez y dentro de nada la lectura en los pentagramas será
para ellos pan comido. De momento son percusionistas, pero les gusta enredar,
jugar...son niños. Mito
Cotobal (saxo barítono) pasa de los 70, es el más veterano de los músicos. Es
la Banda Municipal de Música de Alba de Tormes. Cumple diez años, luce nuevo
logotipo y página web y ya está lista para afrontar uno de sus compromisos más
serios y trascendentes de su corta vida: tocar en el Palau de la Música de
Valencia, uno de los “Olimpos” de la música clásica de España. No es su
debut en este majestuoso escenario que han pisado los músicos, artistas y
bandas más prestigiosas del mundo. Es la tercera vez que pisan el parquet del
Palau, pero en esta ocasión lo hacen para estrenar dos obras con carácter
absoluto, una de ellas, “Fantasía Española para Castañuelas y Orquesta de
Viento”, es pieza que ha costado varios meses de ensayo y mucho esfuerzo por
su difícil interpretación y laboriosa,
pero brillante y novedosa, introducción de las castañuelas como instrumento de
concierto. Y un nuevo pasodoble, “Javier Valverde, Torero”, dedicado al
novillero salmantino. Todo
el mundo, a las cuatro y media de la mañana, sube a los autobuses con destino a
la ciudad del Turia. Nerviosos, preocupados, pero con una tremenda ilusión de
tocar de nuevo, tras varios años, en un escenario de tanta categoría. Faltan
diez kilómetros para llegar a Valencia. Por el móvil Mario contacta con
Vicente Palop (fagot) que sale a nuestro encuentro con su coche por una
autopista paralela. Parece milagroso pero empalmó con nuestros autocares como
dos exactos trapecistas en vuelo. Y nos guió hasta los ho |
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Mª Carmen Aparicio, Joaquín Gericó y Pilar Grande. |
PILAR
GRANDE, LA DAMA DE LAS CASTAÑUELAS
Pilar
Grande es una mujer de una llamativa humanidad, una persona bondadosa y un auténtico
prodigio con las castañuelas. Con estudios superiores de música y danza, se
hizo pronto concertista de éste inusual instrumento que ella maneja con una
admirable habilidad, armonía y equilibrada musicalidad, dando una gracia y un
ángel a la interpretación con la banda de la “Fantasía
Española para Castañuelas y Orquesta de Viento”, que pone a la gente
de pie entusiasmada. Ocurrió en el concierto ofrecido en el Teatro cultural de
Alcásser, a nueve kilómetros de la capital, que la Banda ofreció el sábado a
las siete y media de la tarde, como prólogo y ensayo general (con el teatro
casi lleno) del gran día. Pero en el Palau, la larga ovación fue
sobrecogedora.. Pilar es encantadora, su personalidad transmite una emotividad
asombrosa en el escenario, lo llena, lo somete, lo domina. Y como es tan
sincera, emociona.
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Final del concierto en Alcàsser. De izquierda a derecha: Xavier Richart, Alejandro Blay, Toño Blázquez, Pilar Grande, Mª Carmen Aparicio y Mario Vercher. |
EL
PASODOBLE
Es
un homenaje de la Peña Taurina Javier Valverde a su torero. El maestro Gericó
ha escrito una obra de mucho y bien equilibrado bamboleo armónico. Con partes
iniciales y finales con mucho poderío y un nudo en el Trío que el flautín de
Mara acolcha en una ternura exquisita. Mari Carmen Aparicio lo interpreta con
soberbia fuerza expresiva. En Alcásser sufrió lo suyo por problemas con el
micrófono. En el Palau casi le da un patatús porque parecían repetirse de
nuevo las mismas circunstancias. Finalmente lo pudo ensayar como es debido y en
su actuación quedó expresado con la fuerza arrolladora de su garganta. La
ovación fue de gala.
SÁBADO
NOCHE
Comimos
todos en el Ateneo Mercantil, situado en la plaza del Ayuntamiento. Los hoteles
cerquita unos de otros. En el Londres la recepcionista le comenta a Gertru
(oboe): “¿de dónde sois?”, de Alba de Tormes, de Salamanca, contesta ella.
La empleada del Hotel le dice sorprendida: “pues muy buenos músicos tenéis
que ser para venir a tocar al Palau”.
Valencia
es una auténtica y desbordaba verbena, un océano de alegría desatada en las
calles, plazas, fuentes públicas...los coches aceleran por las avenidas
desquiciados por la embriaguez del éxito liguero. Todo es fútbol. La afición
balompédica es, más que nunca, sinónimo de orgullo. Cohetes, tracas, fuegos
artificiales espléndidos porque también se celebra esa noche en la Plaza de la
Reina “Les Dances” a la Virgen
de los Desamparados. Hombres y mujeres con sus mejores galas de trajes
regionales y pura exaltación valenciana. Los músicos de la Banda han salido a
dar un garbeo después de cenar y se suman a la fiesta, como infiltrados charros
y alucinados.
AL
PALAU
Nos
levantamos pronto, hay que prepararlo todo, estar disponibles para el pertinente
y obligatorio ensayo previo ya en el escenario. Javier y Francisco conducen los
autocares de Cosme. Llegan al Palau, en conducción tranquila, cruzando
Valencia. Los gestos de los músicos apenas definen los rostros: serios,
preocupados, conscientes de que el concierto tiene “mucha tela” y la noche,
en algunos casos, ha estado llena
de inquietud y desasosiego. Todos abajo, Andrés Aparicio, con su furgoneta ha
trasladado ya la percusión, los instrumentos delicados y más voluminosos. Andrés
sufre una conjuntivitis que le produce un tremendo escozor en los ojos, se pone
y se quita las gafas negras. Nos tiene preocupados. Al final tuvo que ir a
urgencias. Su trabajo no tiene precio. Un tipo peculiar y, sobre todo, muy buena
gente.
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Últimos preparativos en el escenario del Palau. Todo listo para el ensayo. |
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EL ENSAYO
El
Palau impresiona por su majestad, parece un altar. Es increíble. En el centro,
un sistema de elevación hace emerger como una aparición
la percusión. Los músicos calientan, afinan instrumentos, se hacen al
escenario, se prueba el sonido, el maestro Gericó comenta con los dulzaineros
Xavier Richart y Alejandro Blay detalles de su actuación. Todo preparado. El
coordinador, Toni Aranda está en todo, los técnicos, uno en cada puerta del
escenario con sus cascos para recibir
y dar órdenes, los solistas, el presentador...la Banda ya está perfectamente
uniformada, sentada. El aforo se ha llenado en poco más de media hora, cerca de
ochocientas personas esperan impacientes a que comience el espectáculo. Sale el
presentador. Hay algo en el aire que hace presentir un tiempo inolvidable.
EL
COMPOSITOR
Joaquín
Gericó Trilla es un reputado compositor valenciano, nacido en Alcásser. Compañero
de estudios del director de la Banda, Mario Vercher, ha colaborado con este
colectivo musical en puntuales ocasiones de grabaciones concretas. La Obertura
“Alba de Tormes” es su cariñoso cordón umbilical con Alba. Catedrático de
Flauta Travesera, acaba de publicar un libro esencial sobre la historia de este
instrumento y el sello “Piccolo” edita habitualmente sus CDs de conciertos y
piezas para flauta. Gericó es un compositor que ha descubierto caminos nuevos y
brillantes para instrumentos que no son habituales en los conciertos de “alto
estanding”, como la dulzaina y las castañuelas.
Su
sintonía con la Banda de Alba es perfecta. Un oleaje sincero y persistente de
ovaciones arropó su trabajo en el Palau.
Para él, también fue una mañana mágica.
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El público en pie ovaciona a los músicos tras el concierto para dos dulzainas.
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VUELTA
A CASA
Alguien
dice, de vuelta ya para Salamanca, afrontando los primeros kilómetros, que lo
malo es que hay un “después” del concierto. Que mañana es lunes, vamos.
Nadie habla, se rumia el éxito alcanzado. Inenarrable, la gente, puesta en pie,
aplaudiendo a Pilar Grande, a Joaquín Gericó, a la Banda, a los dulzaineros
(geniales), sin parar, y ellos se meten y vuelta a salir y siguen aplaudiendo,
así pasan más de diez minutos. Nada es comparable a eso, al éxtasis del
triunfo en el cofre de la música clásica, en el Palau. Es demasiado. Los músicos,
la mayoría jóvenes y muy jóvenes, parecen estar ya desposeídos de
adrenalina. En calma, como que sueñan despiertos. Luego ya hablan entre ellos,
emocionados. Mario Vercher, el director, les da la enhorabuena con emoción
contenida. Sabe que han trabajado duro todos, han sido muchas horas seguidas
tocando, sujetos a la dictadura de la disciplina que impone una forma de hacer música
tan estricta, pegada al rigor y al sufrimiento.
Paramos
en un Restaurante de carretera
muertos de hambre. No hay viandas para dos bandadas de músicos en ruta que se
comerían dos elefantes. Y como “no hay casera”, vuelta al autobús.
Volvemos a parar en un Autogrill, grande, con unas brujas de regalos en la
tienda de souvenirs maravillosamente horrorosas. Muchos se han dormido de
cansancio.
Apenas
nos damos cuenta, entramos en Alba, sus calles, las familia que esperan a los músicos
del largo viaje. De nuevo en casa. El Palau ya es historia, la Banda de Alba una
ilusionante y firme realidad.
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