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Todavía me cuesta entender, a pesar de ser mi mundo cotidiano, la escalada artística de la Banda Municipal de Música de Alba de Tormes. Corría el año 1992, mayo creo, y Mario acerca a Rubén hasta Madrid para que le diese clase de flauta, ambos venían acompañados por el siempre dispuesto Román. Después de unos rápidos e incipientes “buenos días” y mucho antes de que Rubén pudiese montar su instrumento, Mario se adelanta e introduce una cinta de cassete que portaba (como un tesoro), dentro de mi viejo aparato de música, a la vez que asintiendo con la cabeza decía: “Escucha…, escucha esto”.
Tras breves segundos pensé “pero qué horror, ¿qué es?” (pregunté). Curo Caro, respondieron Mario y Román con los ojos brillantes, saltones, ensimismados, como si de la Orquesta Sinfónica de Chicago se tratara. “Un pasodoble del pueblo que hemos rescatado y la Banda es la que hemos formado en Alba”.
Dos lecturas quiero darle hoy, desde la lejanía, a este primer alumbramiento artístico y cultural. Por un lado, la enorme avidez con la que se prestaron los chavales, desde la entrega de instrumentos, de la mano de Mario y sus ilusionados profesores colaboradores, para salvar los abrumadores inconvenientes técnicos que comporta el estudio instrumental de la música, pues no olvidemos que recibieron sus instrumentos en torno al 5 de enero de ese mismo año (todo un reto). Por otro lado, y ahí es donde hoy hace justicia ASCUA, el hecho de que lo primero que hicieron ya fue redimir un pasodoble patrimonio sociocultural de Alba.Muchos han sido los méritos que han alcanzado desde entonces, hechos que perduran con frescura en la mente de todos debido al vertiginoso y frenético ritmo con que se han producido, yo diría que en un tempo Allegro Vivace que a mí personalmente, y a pesar de ser mi mundo cotidiano, todavía me cuesta entender. Desde un punto de vista científico es fácil pensar que la base es lo más importante y Mario, desde un principio cuidó este detalle. Trajo hasta la Escuela de Música de Alba los mejores profesores de cada especialidad que han pasado por Salamanca, e incluso a veces de Madrid u otros lugares. Por este motivo y sin desmerecer un ápice la valía de los propios alumnos, es por lo que especialmente es obligado referenciar hoy aquí la figura del director, como elemento más importante dentro de ese organigrama que ha permitido que la Banda haya alcanzado tamaño nivel. Precisamente para valorar sin miedo a errar el mérito de Mario, hay que empezar mirando su bondadoso lado personal desde un prisma contrario, es decir nada científico, sino total e inmensamente humano. Esta es el arma de Mario, parece descargada, incapaz de matar, pero es letal de oficio porque además domina la pólvora como si fuese valenciano (sino que les pregunten a los policías locales). Bromas a parte, cuando necesitaba algún profesor, incluso les buscaba vivienda aquí para que no tuvieran siquiera la incomodidad del viaje o de la agobiante y obligada necesidad de buscar piso, sobre todo a los profesores recién destinados en Salamanca. En resumen, siempre les hizo la vida fácil y agradable en este maravilloso pueblo, nunca ve obstáculos para nada y es que como hace las cosas con el corazón… nadie le puede negar nada.Gratísimo recuerdo guardo de mi paso por Salamanca, cuando en 1986 vine al Conservatorio Charro convirtiéndome en el primer profesor de flauta de la historia del centro. Cuando Mario vio que vivía solo, en una pensión, no dudó en acogerme en su casa como a uno más de la familia, compuesta entonces por Gertru su encantadora mujer y por la pequeña Aída, hoy ya bellísima doncella, con la que recorría del orden de 2-3 kilómetros todas las noches comedor arriba comedor abajo en su cochecito para conseguir dormirla, increíble, pero la paciencia de Mario alcanza estos inimaginables límites y esto, en el día a día de la Banda, como no, también se ha dejado notar. Ya viviendo en Alba, imagino que para dormir al terremoto que es el pequeño Mario, habrá tenido que cambiar de técnica. Atrás quedaron nuestros estudios en el Conservatorio de Valencia y nuestro peregrinaje a Inglaterra en busca de sapiencia flautística, los dos con un cutre inglés forjado aquel año en una academia de idiomas en Salamanca de la mano de Víctor, un gentil profesor nativo americano. Y es que, la verdad, hemos vivido muchos momentos juntos que jamás se podrán olvidar y que se transforman en ese vínculo especial que desde la química que une a los verdaderos amigos, ha dado muy buenos frutos traducidos en proyectos, obras e ilusiones, siempre ilusiones, en las que el trabajo es la constante y en donde Mario me esclaviza sin remordimiento pero en donde yo, sumiso, respondo porque al fin y al cabo es Mario, y solo él, es capaz de conseguirlo. De su otro lado, el profesional, que decir. En cuanto la Banda se ha ido superando no ha dudado en excederse el también. En este sentido, comenzó a ampliar sus estudios profundizando en el apasionante mundo de la dirección de orquesta con el insigne maestro Enrique García Asensio, con quien mantiene contactos continuados y bonita amistad. Y todo esto para dar la talla que una buena Banda merece y sin lugar a dudas, la de Alba ya lo es. Quizá otros se hubieran acomodado, pero ni Mario ni la Banda de Alba son de esa estirpe, no, su linaje les empuja a conquistar siempre lo más alto. Por eso, cuando les escuchaba en el estupendo concierto que nos ofrecieron en el Palau de la Música de Valencia, el 12 de mayo del presente año, esta vez era yo el que con ojos brillantes, saltones y ensimismados, parecía que estaba escuchando la Orquesta Sinfónica de Chicago. Gracias amigos de ASCUA por haber dirigido vuestra mirada hacia tan noble fin como es el de la música, de entre todas las opciones posibles que el pueblo os ofrece, y es que ya lo dijo Cervantes por boca de Sancho en su inmortal Don Quijote, cuando dirigiéndose a la condesa aseguraba: “Señora, donde hay música no puede haber cosa mala”. Mi más sincera enhorabuena a la merecidamente famosa Banda de Alba y un caluroso, fuerte y emocionado abrazo a mi buen amigo Mario, su director, porque entre todos habéis hecho a Alba un poco más grande, más presente y sobre todo, culturalmente mucho más viva. Sed felices y hasta siempre.
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