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Tribuna de Salamanca - 3 de abril de 2010

SEMANA SANTA 2010. Madrugada del Sábado Santo
La Soledad vive una noche de sobrio luto e intenso dolor

La Soledad alcanzó la Plaza Mayor a escasos diez minutos de las tres de la madrugada.

 
EVA CAÑAS

Allí, la aguardan en silencio cientos de personas, interrumpido éste por los piropos o silbidos que la dedicaban: “¡Guapa!”. El ágora huele a incienso, y aunque este año no se quedó a oscuras, la luz era más tenue para resaltar el paso de la Madre que llora la muerte de su Hijo. La Marcha Fúnebre marca el ritmo a los hermanos de carga que la mecen hasta la altura del balcón del Ayuntamiento, donde Sofía canta el Ave María de Schubert y enmudece a todos los que están allí presentes. Aplausos.

La Marcha Fúnebre vuelve a sonar mientras La Soledad se va de la Plaza no sin antes recibir una lluvia de pétalos blancos desde uno de los balcones. En la plaza del Corrillo suena una sentida saeta cantada por Soledad de los Ángeles: “Entre tu pelo y el velo llevas la pena prendía/ nunca se te ve Señora por la calle tó los días/ Madrugá Sábado Santo, de luto La Soledad/ saliendo por el Corrillo camina a la Catedral/ porque su Hijo esperándola está”. Aplausos.

El inicio de la procesión desde la Catedral se produjo un minuto antes de la medianoche del Sábado Santo tras abrirse la Puerta del Obispo y la salida de los primeros hermanos, vestidos con su hábito de luto y portando cirios encendidos. Los devotos de la Virgen, vestidos de calle, también alumbran el camino que seguirá La Soledad por las calles de la ciudad. En el interior del templo, cientos de personas contemplan el cortejo a los laterales y en silencio. En la calle, el público espera. La Agrupación Musical La Expiración suena dentro de la Catedral, con una acústica privilegiada.

El paso de La Soledad de la Cruz se acerca al dintel de la puerta pasados siete minutos de las doce. Y tras atravesarlo, lluvia de pétalos que caen sobre sus cuatro angelitos. Suena La Madrugá. Aplausos. La ciudad está de luto por la muerte de Jesús. La gente que alumbra el paso lo hace con velas azules. Algunas con mantilla y rosario en mano.

Este año, La Soledad viste más sobria, sin adornos, bordados ni joyas en recuerdo de las víctimas del terremoto de Haití y Chile. Adornada con flores blancas, a las 00.30 de la madrugada se acerca lentamente hacia la puerta de la Catedral gracias al suave movimiento de los 98 hermanos de carga. Su paso de palio, con cuatro varales, se mece de un lado para otro moviéndose los flecos que lo decoran. La Banda de Música de Alba de Tormes toca La Madrugá. Ya en la calle, la Señora de Salamanca recibe el calor del pueblo con miles de pétalos caídos del cielo y vivas. Muchos de los allí presentes, se secan sus lágrimas derramadas frente a la Virgen.

A la una y media de la madrugada, La Soledad se acerca al atrio de San Esteban para saludar a La Esperanza bajo la presencia de numeroso público que aguarda el encuentro. La Virgen de la Hermandad Dominicana ya espera en el dintel de su templo. La Esperanza es mecida por los hermanos de carga frente a La Soledad, que ‘bailan’ frente a frente, Madre a Madre. La sombra del paso de palio se refleja en la fachada de San Esteban. Silencio roto por aplausos y voces: “¡Viva Nuestra Señora de la Esperanza! ¡Viva La Soledad! ¡Viva la Madre de Dios!”.




 

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